Historia

 

El Bicentenario de la Campaña Libertadora de 1819 con más interrogantes que beneficios

Los sentimientos de libertad cobraron vidas, arruinaron familias, pero generaron intereses para construir una República libre y soberana que aún no se hace realidad.

 

En 2019 se conmemoran 200 años de la campaña libertadora de la Nueva Granada, donde se consolidaría la ilusión de una República independiente, libre y soberana; ideas emanadas de mentes prodigiosas de próceres como Don Antonio Nariño que participaría en escritos producidos en su imprenta Patriótica para exponer su pensamiento, exhortando la oportunidad para luchar por una tierra propia e independiente. Con la traducción y publicación de los derechos del hombre en 1793, donde expone un importante pensamiento e ideal que permitirían el cambio hacia la República deseada con gente libre y las posibilidades de un espacio con mayores oportunidades para todos. Con la traducción realizada y lista para imprimir en su imprenta Patriótica abre el camino de la libertad para la Nueva Granada y otros territorios.

 

De acuerdo con el escrito de Eduardo Ruíz Martínez, explica que el Precursor de la Independencia “se despoja de su capa, saluda con la cortesía que le es habitual y dice a su impresor Don Diego Espinosa de los Monteros, en presencia del oficial de la imprenta Pedro Rodríguez: ´compóngame Vuestra Merced este papel´. Le extiende un manuscrito de su propio puño y letra: su traducción de los derechos del hombre. No necesita licencia del gobierno pues tiene un permiso tácito para imprimir todo folleto que no pase de un pliego de papel de marca”.

Espinosa, acucioso, levantó el texto de inmediato, sin pie de imprenta, como es natural. Empleó un papel de mayor marca que el común, de clase hasta ahora no usada en la ciudad, y que Nariño tenía reservado para el efecto. Se procedió a mojarlo de manera conveniente y entre Nariño y Espinosa hicieron y corrigieron las pruebas, dejando todo listo para imprimir al día siguiente.

“A las siete del domingo, cuando Espinosa está imprimiendo las primeras caras, llega Nariño. La puerta, como es de golpe, se cierra por dentro sin malicia de su parte, como se dice en el proceso. Con todo, Don Antonio encarga el sigilo: ´esto no se ha de saber en parte alguna porque yo respondo y V.M. debe guardar el secreto de la imprenta´. Permanece allí toda la mañana, ayudando a extender y a secar el papel. No están sino él, Espinosa y el criado analfabeto, Juan González. Cerca de las doce el precursor sale para misa, llevando en el bolsillo de la casaca unos ejemplares ya secos, no sin antes ordenar a Espinosa que, una vez concluyese el trabajo, le llevase el resto de los impresos a su casa junto con el original y las pruebas. Parece que no son más de 80 ejemplares”. Los resultados no son nada favorables para Nariño, más que por la publicación realizada, son sus detractores y enemigos quienes inciden para que se genere la persecución que expondría al Prócer a pasar tiempos difíciles para él y su familia, pero estos hechos finalmente, alentarían la lucha por la libertad.

Con este importante antecedente y el Grito de independencia el 20 de julio de 1810, el camino a la libertad se abre paso integrando personajes reconocidos y otros ignorados pero que en su unidad lograron consolidar reuniones como la realizada el 15 de febrero de 1819 en Angostura donde se dan las primeras estrategias para el recorrido que definiría la libertad. Mientras tanto, en los llanos de Casanare, el General Santander hacía reclutamiento y preparaba las tropas que enfrentarían al ejército español. Con estos primeros soldados, se enfrentó el ejército patriota a Morillo en la Batalla de Las Queseras del Medio, ocurrida el 3 de abril de 1819; allí el grupo de lanceros fue comandado por José Antonio Páez, obligando a Morillo a huir para evitar la muerte.

 

En la aldea de Setenta a orillas del Río Apure, el General Simón Bolívar, el 23 de mayo de 1819, expone su táctica militar ante el consejo de oficiales patriotas. Aquí se inicia el rumbo por los Andes que llevaría a las tropas libertadoras a recorrer los caminos de lo que conocemos hoy como la ruta libertadora que parte de la Aldea de Setenta, llega a Mantecal y el 3 de junio arriban a Guasdualito; el 4 de junio pasan el Río Arauca para ingresar a la Nueva Granada. Las sabanas inundadas por las lluvias de la temporada los llevan hasta Tame, donde los esperaba el General Francisco de Paula Santander con provisiones y espacios de descanso. El encuentro integró las tropas que sumaron 4 mil hombres para emprender el recorrido pasando por Pore, Támara, Nunchía, Paya, Pisba, Labranzagrande, Socotá, Socha, Tasco, Beteitiva, entre otras poblaciones que marcaban el camino hacia el Puente de Boyacá, lugar donde se combatiría para sellar la independencia de la Nueva Granada.

 

La lucha y sacrificio del recorrido mantiene recuerdos de personas que apoyaron a la libertad que bien vale la pena reconocer, entre tantos hombres y mujeres que se tendrían que guardar permanentemente en lugares emblemáticos de la República ya que, con cada aporte hecho, en la medida de sus posibilidades, fueron determinantes para la causa; tampoco se puede desconocer que la campaña, aun cuando destacada y definitiva para la libertad, causó innumerables dificultades para quienes sacrificaron familia y bienes; es el caso de Doña María Rosa Lazo De La Vega, dueña de la hacienda Tocaría en Nunchía, Casanare, hacendada que acogió a la tropa libertadora desde 1815 hasta 1819, disponiendo de 110 mil cabezas de ganado y aproximadamente 2 mil yeguas y caballos, además de los terrenos de su hacienda. Pero su aporte continúo hasta 1821, de acuerdo con documentos emitidos por el Banco de la República, donde certifica este apoyo y el cobro correspondiente a 59.000 pesos de la época, que la República nunca pagó a Doña María Rosa, según los documentos, debido a que el cobro se hizo fuera de tiempo. Muchas otras mujeres son recordadas en el paso libertador, como son: Doña Cleotilde Escobar de Niño, en Socotá; Matilde Anaray, en Socha; Simona Amaya, en Paya; valientes damas que la historia va recordando como parte fundamental de nuestra memoria.

 

La alegría por resultados de la conquista en Tunja, augura nuevas oportunidades para los habitantes de la República que hoy se conoce como Colombia, pero que, hasta la fecha, no se consolidan los ideales de quienes pensaron una nación con libertad y garantías de una Gran República. Doscientos años después se mantiene la tiranía, corrupción y lucha por una mejor calidad de vida en una patria con escasas oportunidades, sin derechos y libertad restringida para una vida digna, con gobernantes deshonestos y donde los recuerdos de las luchas libertarias no lograron romper las cadenas; la realidad es que solo se ha cambiado de tiranos.

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