Ene 292018
 

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Cuando se piensa en celebración todo enmarca alegría y fiesta, pero para la capital del Oriente boyacense no hay mucho que celebrar este año.

 

 

Los 382 años de Guateque se vieron opacados por el abandono de la administración municipal, la desolación y tristeza fueron imposible de ocultar, los recuerdos afloraron y se anhelaron momentos de gran esplendor; no ha valido tener una gran historia, ser cuna de hombres ilustres entre los que se cuentan el expresidente Enrique Olaya Herrera, literatos, investigadores, y las mismas personas que con su bondad y fuerza, logran despertar cada día con las ganas de continuar adelante pese al derrumbe que se advierte.

 

Las festividades no se vivieron como en años anteriores y presagiaban el desaliento en su nuevo aniversario. La esperanza guardada con la nueva administración municipal, se la llevó el viento y con ello se genera desilusión, un mal que se acentúa con el paso del tiempo y deseando que solo sea una pesadilla a la cual se quiere despertar para no volver a tenerla.

Y no es para menos, el abandono que tienen los habitantes, hacen creer que poca importancia tiene Guateque para quienes juraron trabajar para sacar del fondo a un municipio que al parecer no tiene dolientes. La administración municipal en varios periodos no consigue solucionar los problemas sociales, ni recuperación del comercio, no hay fuentes de empleo, los campesino se van de las veredas, el campo cada día se queda más solo, nada funciona, nada vale y la gente se desconcierta con cada golpe que se recibe.

 

Pero los golpes no solo los da la administración municipal, la burla del gobierno nacional con las vías, no tiene nombre, promesas que solo han generado votos para que unos pocos vivan como reyes, mientras el dolor de los guatecanos y valletenzanos no solo da rabia, se siente impotencia porque ya no hay forma de suplicar que se preste la atención que merecen, no es justo pasar tantas penurias por falta de compromiso del gobierno nacional y departamental.

La lejanía no es solo por la distancia, el arreglo de vías permitía una mejor oportunidad para todos los sectores que bien se podrían beneficiar de su riqueza, para que la disfruten los habitantes de esta tierra mágica y maravillosa; quizás quienes se postulan a cargos públicos no sientan el dolor de su gente, pero no es entendible el padecer de un pueblo por la negligencia, apatía y desamor.

 

He pensado en plasmar palabras que podrían describir mejor el sentimiento de impotencia como humano y con sentimiento de dolor guatecano, pero me abstengo por respeto a los lectores.

 

¿Cómo comprender la situación que viven los habitantes de Guateque, con qué cara llegan tantos políticos cada vez que convocan elecciones a pedir apoyo cuando ni la madre los vuelve a ver una vez logran su cometido?

 

¿Cómo entender el abandono de un pueblo que lucha por subsistir ante la apatía de los gobiernos?

 

Guateque cumplió 382 años de sueños, ilusiones, esperanzas y deseos de recuperar el esplendor que lo ha caracterizado, un pueblo emprendedor, con gente maravillosa, paisajes que asombran a quienes lo conocen, donde se encuentran seres con grandes potenciales, emprendedores que no se quedan en lamentos, boyacenses merecedores de atención, valletenzanos que esperan ser atendidos como se merecen. ¿Cuanta mayor humillación se tiene que vivir, cuánta traición y agresión contra la bondad y fortaleza natural. Todo tiene un límite, no se puede insistir en el abandono.

 

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